El pasado jueves 7 de mayo se realizó la primera sesión del programa Líderes para el Servicio Público, organizado por el Instituto de Liderazgo UDD junto a Faro UDD. La actividad convocó al profesor investigador Faro, Cristián Warnken, para reflexionar sobre su trayectoria desde el mundo de la literatura hasta su ingreso al debate público y político. La sesión estuvo dirigida a estudiantes de la Universidad del Desarrollo con vocación de servicio público.
Warnken comenzó relatando los orígenes de su amor por la literatura. Recordó que su abuela materna era poetisa, y que en su casa tuvo la oportunidad de conocer y conversar con grandes autores desde muy joven. Entre las figuras que más lo marcaron mencionó a su tío, el poeta Enrique Lihn, y a Eduardo Anguita, pareja de su madre y otra influencia literaria fundamental en su formación. Desde temprano, señaló, sintió el deseo de hablar desde la poesía y la literatura sobre lo que ocurría en el mundo.
El expositor describió su trayectoria política como la de alguien que siempre se identificó con una izquierda moderada. Fue precisamente desde ese lugar que vivió uno de los momentos más difíciles y definitorios de su vida pública: el primer plebiscito constitucional (año 2022). Warnken contó que ya había tomado la decisión de retirarse al sur del país, pero que al observar el proceso de la Convención Constitucional sintió que no podía quedarse callado. Decidió manifestar públicamente su desacuerdo con la propuesta, lo que lo llevó a vivir una experiencia de funa: fue increpado presencialmente y llamado «amarillo» por quienes lo consideraban un traidor a su sector. Lejos de eludir el término, Warnken lo resignificó en una columna que escribió poco después, transformándolo en el nombre de lo que luego se convertiría en Amarillos por Chile.
Relató que tras esa columna un grupo de personas de la centroizquierda y la ex Concertación se contactó con él para firmar un manifiesto conjunto explicando las razones para rechazar la propuesta constitucional. Fue, subrayó, la primera vez que realizaba un acto tan abiertamente político, y sobre todo en contra de su propia «tribu».
Cuando los estudiantes le preguntaron qué había perdido y qué había ganado en ese proceso, Warnken respondió con franqueza: perdió amigos y personas que le dieron la espalda por su decisión. Pero ganó libertad, la de poder hablar con convicción sobre lo que creía correcto, aunque no fuera lo que su entorno esperaba escuchar.
Al cierre, reflexionó sobre las cualidades necesarias para quienes aspiran al servicio público. Destacó el coraje como condición fundamental: la disposición a decir lo que se cree verdadero, aun cuando eso implique ir contra la propia tribu. Y añadió algo que, dijo, considera igual de esencial: amar profundamente a Chile.

