La segunda sesión del ciclo “Inteligencia Humana”, impulsado por Faro UDD, estuvo dedicada a la poesía como una forma de pensamiento que conecta lenguaje, experiencia y sentido. El encuentro, encabezado por el profesor investigador de Faro UDD Cristián Warnken, convocó a una conversación abierta sobre el lugar de las humanidades en un contexto atravesado por la tecnología y la aceleración del conocimiento.
En esta ocasión, el invitado fue el poeta chileno Rafael Rubio, una de las voces más sólidas de la poesía chilena actual. Autor de obras como Luz rabiosa, Mala siembra y Algarabía (2024), y reconocido con el Premio Pablo Neruda y el Premio de la Academia Chilena de la Lengua, Rubio compartió una reflexión centrada en su relación con la escritura, marcada tanto por la tradición como por la experiencia personal.
Uno de los ejes de su intervención fue el vínculo temprano con la poesía, influido por su entorno familiar. Nieto e hijo de poetas, recordó su cercanía con el lenguaje desde la infancia, observando y escuchando cómo la poesía se encarnaba en la vida cotidiana. Ese aprendizaje inicial, relató, no solo fue técnico, sino también una forma de comprender el mundo y de habitarlo a través de la palabra.
La conversación avanzó hacia una dimensión más íntima: la poesía como espacio para enfrentar el dolor. Rubio abordó el duelo no como un tema abstracto, sino como una experiencia que puede encontrar forma en el lenguaje. En ese marco, compartió la lectura de una elegía dedicada a su padre, donde la escritura aparece como un gesto que no elimina el dolor, pero sí lo transforma, lo nombra y lo vuelve parte de una experiencia comunicable. La palabra – planteó – permite procesar, dar forma y, en cierta medida, aliviar.
En esa misma línea, subrayó el carácter catártico de la poesía. Más que un ejercicio estético, la escritura se presenta como una vía de purgación, donde lo vivido encuentra una salida y una estructura. Esa posibilidad de convertir la experiencia en lenguaje, de trasladar lo íntimo a un plano compartido, es lo que le da a la poesía su fuerza y vigencia en el presente.
Por su parte, Warnken puso el acento en la necesidad de resguardar una “inteligencia sintiente”, entendida como la capacidad de integrar razón y sensibilidad. En tiempos donde la inteligencia artificial amplía sus alcances, advirtió sobre el riesgo de delegar no solo tareas, sino también el pensamiento. Frente a ello, propuso fortalecer espacios que cultiven tanto la reflexión como la vida interior, situando a la poesía como una herramienta clave para sostener esa dimensión humana.




