Inteligencia Humana: Juan Cristóbal Romero, una vida entre la ingeniería y la poesía

A las 6:40 de la mañana, antes de comenzar su jornada laboral, el poeta Juan Cristóbal Romero llega a su oficina para escribir poesía. Mantiene esa rutina hasta las 8:30, en un tiempo que considera sagrado. Sobre esa disciplina, sus primeras lecturas y la relación entre literatura y trabajo conversó con Cristián Warnken, profesor investigador de Faro UDD, en una nueva sesión del ciclo Inteligencia Humana.

Poeta y traductor de Horacio, Romero es ingeniero civil de la Pontificia Universidad Católica de Chile, magíster en Administración Pública de Harvard y gerente general de la Cámara Chilena de la Construcción. Fue fundador de Fondo Esperanza y director del Hogar de Cristo. Su obra literaria ha recibido, entre otras distinciones, el Premio Pablo Neruda de Poesía Joven y el Premio de la Academia Chilena de la Lengua.

La convivencia entre esas ocupaciones fue uno de los primeros asuntos de la conversación. Warnken cuestionó la distancia que suele suponerse entre la ingeniería y la creación poética: “Se dice que alguien que está lejos de un poeta sería un ingeniero. Esa es como la idea hecha, pero no es tan así. No ha sido tan así en la historia”.

Romero recordó que su acercamiento a la poesía comenzó en la biblioteca de sus abuelos y que la lectura de Vicente Huidobro, a los 14 o 15 años, marcó ese descubrimiento. También repasó su experiencia de trabajo social en Chiloé, su paso por el Hogar de Cristo y la creación de Fondo Esperanza.

Al hablar de su escritura, describió un oficio que requiere tiempo, constancia y reglas. “Escribo todos los días muy temprano, antes de la jornada laboral. Es un espacio sagrado que reservo. Llego a las 6:40 de la mañana a mi oficina y escribo poesía hasta las 8:30”, contó.

La métrica y la rima forman parte de ese trabajo. Según explicó, las exigencias formales lo ayudan a encontrar posibilidades que no surgirían de la misma manera al escribir sin ellas. “Yo necesito ciertas restricciones. Para mí, la métrica y la rima no son decoración, sino un método que activa el inconsciente”, señaló.

Esa concepción del oficio estuvo acompañada de una definición sobre la responsabilidad del escritor: “El compromiso del poeta es con el lenguaje: cargar las palabras al máximo nivel de sentido y emoción”.

La conversación incluyó un recorrido por la tradición literaria chilena, con referencias a Ercilla, Pedro de Oña, Andrés Bello y Rubén Darío, así como a los cronistas coloniales Alonso de Ovalle y Diego de Rosales. Para Romero, la poesía tiene un lugar excepcional en la historia cultural del país: “Chile es como el Brasil del fútbol en materia de poesía”.

Warnken se detuvo en la calidad de la escritura de los cronistas y en su escasa presencia en la enseñanza escolar. “La prosa de Alonso de Ovalle es notable. En esa prosa hay poesía, describe el paisaje chileno. Esos textos deberían leerse en los colegios, aunque sea en antología y fragmentos. No se leen, y son bellísimos. Además, hablan de Chile”, sostuvo.

Romero se refirió también a su trabajo como traductor de Horacio y a la vigencia de la literatura clásica. “Para mí, Horacio es el poeta más importante de Occidente”, afirmó. La importancia de conocer esa tradición reapareció en las preguntas del público, cuando uno de los asistentes consultó por qué un ingeniero debería estudiar poesía.

“Aprender del verso, incluso aprender métrica, es una manera de decodificar parte del legado que recibimos como comunidad occidental”, respondió.

Otra de las consultas abordó la inteligencia artificial y sus efectos en la creación poética. “No estoy tan preocupado de la inteligencia artificial como del espíritu artificial, entendiendo que las artes son artes del espíritu, la poesía en particular”, expresó Romero.

Sobre su uso en la escritura, recomendó trabajar con ella como una contraparte capaz de señalar problemas en un texto: “Recomiendo utilizar la inteligencia artificial como un taller de literatura, entrenándola al punto que no te autoconfirme tus errores, sino que te comente tu texto con pensamiento crítico”.

Al finalizar, Romero leyó tres textos de su autoría: “Hesicasmo”, “A veces paro y me siento” y una cueca.