La poesía, la identidad y la experiencia marcaron la tercera sesión del ciclo “Inteligencia Humana” de Faro UDD, encabezado por el profesor investigador de Faro UDD, Cristián Warnken. En esta oportunidad, la invitada fue la poeta chilena Alejandra del Río, quien compartió reflexiones sobre escritura, espiritualidad, memoria y el vínculo entre poesía y formación personal.
Alejandra del Río estudió Literatura en la Universidad de Chile y posteriormente vivió en Alemania entre 1999 y 2009, donde realizó un Máster en Escritura Autobiográfica y Creativa en la Alice Salomon Hochschule de Berlín, titulándose además como pedagoga de la poesía. A partir de este trabajo desarrolló el concepto de “educación poética”, dedicando gran parte de su trayectoria a la realización de talleres comunitarios, formación docente y terapias a través de la palabra. Además, es fundadora y directora de la Fundación Manoescrita. Durante la conversación, abordó temas presentes en parte de su obra, especialmente en Dios es el Yotro (2010), libro donde explora la espiritualidad, la búsqueda interior y la relación entre identidad y otredad.
En el encuentro, la autora reflexionó sobre cómo la poesía permite comprender quiénes somos a través de los demás, planteando que muchas veces las personas también se descubren y se entienden en el otro. Asimismo, destacó la influencia que ha tenido Gabriela Mistral en su escritura y estudio, especialmente por la manera en que la Premio Nobel chilena escribió desde la experiencia de la otredad y la profundidad humana.
Por su parte, Cristián Warnken destacó el sentido del ciclo impulsado por Faro UDD. “En este espacio nos hemos propuesto invitar a nuestros poetas, una rotura convertida en belleza a través de la poesía”, señaló el académico, relevando el valor de la literatura como un espacio de reflexión sobre la condición humana.
Durante la conversación, Alejandra del Río también compartió aspectos de su historia personal. Recordó que tuvo una infancia solitaria, aunque profundamente vinculada a los libros gracias a su madre, quien trabajaba como bibliotecaria y le entregó desde pequeña cuadernos para escribir. En ese proceso, explicó, encontró en la poesía un espacio para dialogar con sus propias fracturas y reconciliarse consigo misma. “Los poetas pueden mostrar su verdad a través de la poesía, sin exponerse”, afirmó durante la sesión.

